52 Retos Literup·Relato

Reto 1: Relato a partir de un chiste

Es increíblemente excitante. Tantos y tantos años de dedicación claramente merecieron la pena. Los sermones del padre Anselmo daban esperanza sobre que en esta vida, la otra vida, se verían recompensados los sacrificios de la tierra, mas nunca imaginé algo como esto.

Avanzo con la jubilosa marabunta de gente hacia el campo. Hoy me he levantado pronto para coger un buen sitio y ver de cerca del hoyo final. El tiempo es absolutamente esplendido, como no podía ser de otra manera. Poco a poco me acerco y se hace visible el gran cartel que anuncia el esperado evento celestial.

“Bienvenidos al MMDCCXLVI torneo de golf del séptimo cielo”

Las gradas están a rebosar. Los tres finalistas han llegado empatados a golpes al decimoctavo hoyo. Un estruendo ensordecedor se produce al aparecer el primer contendiente. Saluda hacia la concurrencia provocando el histerismo del público.

—Moisés, capullo ¡Queremos un hijo tuyo!

—¡Yo sí que te dejaba escribir en mi tabla!

Moisés se dirige al caddie y tras unos segundos observando los palos se decide por un hierro siete. Con calma avanza hacia la bola en el tee para efectuar su swing. Se hace el silencio en todo el campo. La tensión se refleja en el cielo donde unas espesas nubes comienzan a levantarse. Moisés alza el palo sobre su cabeza y golpea la bola.

Protejo mis ojos con la mano para poder seguir la trayectoria sólo para ver como cae a uno de los lagos acompañada por un sonido de decepción por parte de los asistentes.

Pese al mal resultado de su lanzamiento Moisés parece tranquilo. Se aproxima a lago con calma y planta el palo en la orilla ante el asombro de la concurrencia. Las aguas del lago comienzan a moverse y alzarse dejando un pasillo por el que Moisés se acerca a la bola. Con aplomo se coloca en posición y realiza un nuevo lanzamiento que la pone dentro del green, aún tiene posibilidades de hacer un gran hoyo.

Cambia el palo mientras llega a la nueva localización de la bola. Cierro los ojos para desear unos prismáticos que se materializan en mis manos. Los acerco a mis ojos para no perder detalle de cómo Moisés da un suave golpe que manda la bola rodando mansamente hasta su objetivo. La ovación general es atronadora mientras Moisés muestra orgulloso la bola que acaba de embocar, es un birdie.

Mientras se retira el segundo finalista aparece en el campo. Si la aclamación a Moisés fue de proporciones bíblicas esta es directamente apoteósica. El joven de poco más de 30 años parece ajeno al entusiasmo que despierta en sus fans. Acaricia suavemente los palos de madera antes de decidirse por el más adecuado mientras el público enloquece con cada gesto.

—¡Jeeeesucristo! Ra-ra, ra-ra, ra—Acompañan con palmas sus fervorosos cantos.

De nuevo se hace el silencio cuando Jesús se posiciona para golpear. La bola sale con una parábola perfecta que por desgracia da como final acabar en el mismo lago que Moisés. ¿Qué idiota ha diseñado este hoyo?

Los espectadores no pierden la fe en su favorito y le dedican un aplauso de ánimo mientra se dirige a la orilla. ¿Repetirá la técnica de su adversario?

El agua comienza a moverse levemente hasta que la bola aparece en el centro el lago y se queda flotando rectamente sobre las ahora inmóvil líquido. Jesús se remanga la túnica y comienza a caminar por encima del estanque creando pequeñas ondas con cada paso hasta situarse a apenas un metro de la esfera de juego. De nuevo golpea mandándola directamente hacia la bandera que marca el destino. Al caer en el green la pelota sigue rodando hasta que finalmente cae en el hoyo.

Es increible, asombroso, lo nunca visto, un hoyo en dos para ponerse en cabeza mientras el campo entero explota en un jolgorio digno de una final celestial. Ha sido una jugada insuperable. Jesucristo saluda a sus dedicados admiradores mientras sale del estanque y se dirige al palco de jugadores.

El último finalista se dirige hacia la posición de inicio mientras se produce un silencio sepulcral. El caddie le ofrece los palos para que escoja pero el anciano pasa de largo. Materializa un arco iris entre sus manos que posa con suavidad contra la bola un par de veces antes de hacer un swing digno de estudiarse en los mejores clubes. ¿Es legal usar un fenómeno meteorológico en lugar de un palo reglamentario? Aquí supongo que sí.

La bola a lomos del viento recorre el campo pero parece abocada al mismo destino que sus predecesoras dirigiéndose al lago. Justo antes de tocar la cristalina superficie un salmón salta atrapándola en el aire y se la traga. Creo que en este caso ningún truco podrá hacer que Jesucristo pierda el torneo.

Un gañido me hace alzar la vista hacia un águila en vuelo rasante que atrapa al salmón antes de que pudiese encontrar refugio en el fondo. Los asistentes comienzan a murmurar mientras el anciano sólo sigue el vuelo del ave haciendo visera con una mano. Las nubes que antes se aventuraron por los márgenes del campo se oscurecen y lanzan un rayo directo al rapáz que deja caer su presa justo en el green. El golpe provoca que el pez vomite la pelota con fuerza que rueda esquivando la traicionera ladera para llegar junto al hoyo deteniéndose a pocos milímetros.

El público que hasta ahora permanecía en completa tensión, como uno sólo exhala el aire de sus pulmones provocando una brisa que empuja la bola hacia el fondo del agujero. La aclamación más estruendosa de la tarde glorifica al campeón del torneo mientras Jesucristo rompe su palo y se marcha con gran enfado hacia el bar, un micro abierto recoge las declaraciones que se cuelan por la megafonía.

—Joder papá, cómo te pasas.

 

 

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